LA QUEJA COMO HÁBITO LIMITANTE

La queja es una expresión de descontento que surge como respuesta a lo que nos produce, tristeza, malestar, dolor. Quejarse puede ser una forma de desahogo ante una situación específica, o puede convertirse en una tendencia a permanecer. De manera que la queja en sí no es mala, siempre y cuando esto no se convierta en un hábito.

Lamentablemente, vivimos en una sociedad que la queja es la manera más común de comunicarnos e iniciar una conversación con otros, pues encontrar molestias en común, nos hace conectar rápidamente al momento de socializar, un ejemplo es quejarnos sobre el tiempo, sin importar que época del año nos encontremos siempre será el tema de conversación inicial con otras personas.

Sin embargo, el hábito resulta insoportable para quienes buscan superarse y elevar la calidad de su vida, como también para el que la expresa, pues se ha demostrado que la queja constante, hace que una parte de nuestro hipotálamo se apague y sea menos creativo a la resolución de conflicto; del mismo modo, al avanzar en la vida.

Alguna de las consecuencias del hábito de quejarse son:

  • Nos condiciona hacia la programación negativa
  • Nos genera frustración
  • Nos hace atraer gente de mentalidad negativa
  • Nos elimina la creatividad de encontrar las soluciones y nos enfoca en los problemas
  • Afecta nuestra propia autoimagen e incluso autoestima
  • No promueve la madurez emocional
  • Nos consume energía física y emocional.

Esta última consecuencia es algo que podemos observar con personas muy quejosas, porque aquellos que suelen quejarse demasiado, muestra mayor desgaste, se notan siempre cansados y rinden menos en el trabajo que ocupan.

Aun así, la gran mayoría de las personas no suelen notar lo muy quejosas que son o negativas que podrían ser y convertirse, por ende, resulta muy difícil cambiarlo.

Te cuento que personalmente, me consideraba una persona demasiado positiva ante la vida, la gran parte del tiempo reía, sin embargo, también era muy quejona, en un momento la queja se convirtió en mi día a día y temas de conversación con otros, de manera que me resulto difícil hacer consciente que la queja se había convertido en un hábito y por eso me frustraba con mayor facilidad ante las dificultades. Por eso inicie un proceso de cambios de hábitos, en todas las áreas de mi vida y te soy honesta, aún estoy en la desintoxicación.

Con ello, te invito a que comiences a darte cuenta de los pequeños momentos, como la manera de saludar a otros, cuando te encuentras con un amigo que tenían tiempo sin verse, ¿Cuáles son los temas que más surgen durante la conversación? ¿Cuál es tu actitud ante imprevistos o problemas que surjan? Hacer consciente un mal hábito, es el primer paso para resolverlo y cambiarlo.

Finalmente, NO permitas que este hábito te aleje de los demás o te limite a avanzar en la vida.

Así como también, NO permitas que tu entorno afecte tu crecimiento personal, está bien escuchar a nuestros seres queridos, pero este hábito suele pegarse con facilidad, además, de absorber completamente nuestra energía.  

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